A little piece of heaven

Siempre me es tan sencillo encender mi odio como una eterna suplica a tu desprecio, no se si lo ignoro para no pensarte y no recordar el trozo de carbón chamuscado que aun permanece en mi pecho.

Hoy hablando con un incomprendido de la vida y del amor como yo, por alguna jugada del destino y las conversaciones (que se hacen eternas entre mis dedos…) volví a recordarte, tus partidas, tus llegadas…tus palabras como dagas filosas clavadas, que al pronunciarlas (otra vez, cada vez…) siguen despertando odio, venganza, bronca y dolor.

Y ahora que lo verbalizo lo veo muy claro, te ame hasta odiar la vida, el mundo y todo lo que AQUÍ habita, como por ejemplo: Tu género.
No puedo decir ya lo que me hiciste, ni lo que me llevaste a hacer, ni cuan profundo cavamos nuestra propia tumba, fuiste siempre mi figurita difícil, que pretendía ser fácil, engañosamente accesible y por otro lado tristemente inalcanzable, será por ese amor a lo platónico que tanto mal, se sentía tan bien, que parecía probable sobrevivir a tanto dolor por minutos de placer….por eso sonrió al ver en el video el tipo feliz con el corazón arrancado y sangrando, pero en paz, con la calma de estar en donde se debe. Ya me dijo varias veces el señor Malano que estamos donde queremos y ahí es donde debemos, nos hallamos y nos encontramos; en el dolor, en el rechazo, lo imposible, lo inalcanzable, lo lejano, aquel que te ajusticia con la vida y aclara las cuentas sin saldar de la vida. Si, hay un porque, todo tiene una razón, el dolor vuelve, doble, triple y en forma de Príncipe Azul.

Es casi invisible el punto de inflexión donde al ver hacia adentro ya no es como antes, donde habitaba la esperanza ya se ven grietas y un vació seco y al verte…en esa estación, so long ago…sin un motivo mas que generar una ilusión, y abrir lo que seria tantos años después una herida abierta vertiendo sangre podrida…una de esas heridas, que uno suele presionar con otra cosa mientras barre lentamente los recuerdos debajo de la cama y una imagen mental recurrente involuntaria, verte a través de una copa de vino blanco y recordar, hasta que punto puede uno avergonzarse cuando quiere realmente algo (¿?)

No es orgullo, es conciencia, los tratos enfermizos no se pueden nada, no se pueden y ya , se graban como un fierro al rojo vivo, como una vieja cicatriz que duele finito cuando hay humedad

El odio es tan o mas fuerte que el amor

Nunca mires atrás

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