La princesa y el sendero

I

“Y el príncipe la despertó y ella sobresaltada miro en sus ojos, buscando, si había en su mirada rastros de su amor…y aunque siguió sin encontrarlo, no pudo desesperanzarse, el amor es así. Pero el príncipe ya no volvería, al no volver a su memoria los días de cortejo, aquel hechizo parecía haber surtido efecto, y el no podía mirar en su corazón, la princesa le traía entonces las flores mas bellas de su jardín, buscando volver a empezar. Cantaba las melodías mas dulces pero el ya no la acompañaba, muchas veces, asomada a la ventana, imaginaba que volvía con su guitarra a cantarle bajo su ventana con ese brillo, pero al asomarse, tan solo algun jilguero…el príncipe y su montura azul no volvieron al pequeño palacio”
Ella entonces invencible como era, seguía llevándole los frutos más dulces, las rosas más bellas a tono con sus mejores vestidos.
El sentía que no podía sentir, que no podía romper el hechizo, y acurrucado en su pequeño palacio enseñaba a los pájaros sus dulces melodías, para que las llevasen a oídos de su princesa. No quería estar en ninguna parte, no sentía hogar a ninguno de los Palacios, desde hacia mucho tiempo que se sentía vagando sin rumbo, y casi había perdido la capacidad de expresar aquello, que estaba tan arraigado en su corazón que ya ni el mismo podía dilucidar a que se debía.
Todas las princesas saben leer en los ojos de sus príncipes, cuando algo anda mal, lo saben, y. Valeria lo sabía, y también creía que ese saber, a los caballeros altruistas como el suyo, podía molestar a su ego enaltecido.

Tenía esa forma de ignorarla tan bien, y eso además de hacerle doler, imaginar, caer, levantarse, pensar, todas esas cosas que en la ensoñacion romántica no permitía. Por primera vez desde que se le había revelado “aquello que no nombraba” y madurando sobre su propia historia con otros caballeros de la corte, rezo a todos los dioses que conocía y esta vez quería hacerlo bien, lo hizo y aún así, seguramente por su oscuro pasado; el no le correspondía. Si, claro que si, sabía derretirse en sus brazos y reír incansablemente a su lado, y así! En ese cortejo incesante podrían ambos haber vivido, soñado, cantado y reído.
Tenía esa forma de ignorarla tan bien que así Valeria tuvo que aprender a soltar suavemente y esperar que le importe, que lo note, y que así como en esas bellas historias que solían leer, el volviese a avanzar suavemente los peldaños que ella había retrocedido…
El en su ego infinito, en esa triste farsa que era lo único que conocía, sabía que ese dolor iba a desaparecer, y no iba a dar el brazo a torcer por un simple sentimiento. Por más increíble que todo fuese, ella nunca cedió a aquellas cosas que el jamás iba a cambiar, por lo tanto, seguramente era mejor así. Claro que la extrañaba, su aroma, su eterna sonrisa y todos aquellos detalles que muchas veces, no creía merecer.

Ambos retrocedieron, ambos esperaron, ambos se esperaron y se buscaron en la oscuridad, en el frío de saber que eran sólo almas que resuenan en una frecuencia de compañia y amor.

Pero el amor ¿es necesariamente como esperamos que sea?

Carpe Diem

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