Tendida sobre su espalda, llore.

Otra noche (¿Cuantas ya?) con mi boca sobre su espalda, tratando de respirar suavemente, una vez más, llore.
Llore de dolor y vergüenza, de cobardía… Mi alma no tiene consuelo, no hubo quien lo intento como yo, con tanta perfección y tanto esmero. no pude sacarlo del infierno en que se había metido , si tan solo pudiese escuchar mis latidos…

El silencio me dijo todo lo que mis oídos no quieren escuchar,

No hay peor ciego que el que ve lo que quiere ver…

La vida es un temible entrelazado de elecciones, un Susurro de “no lo hagas” en el oído, y la ironía de creernos capaces de cambiarlo todo, de comprobar a cada paso porque (y solo puedo imaginarme que viene de un ser inexplicablemente enamorado de la vida…) existe ese refrán que reza: “La esperanza es lo último que se pierde”, esperanza…esperar…anhelo; y al final somos todos Quijotes, luchando incansablemente contra los molinos de viento, algunos del amor, otros de la vida y el éxito, pero aunque seamos tan distintos… El fin último es el mismo, “Felicidad”… En la forma que quieras darle, en la forma que quiera darle…

Y ahí, en el silencio de la oscuridad suavemente bese su espalda, y llore.
Quizás quería que todo fuese diferente, tal vez nos merecíamos un mañana diferente; podría haberle explicado que la vida era muy corta para vivir avergonzados, podría haberle mostrado que todos los sueños eran posibles y que la luna no estaba tan lejos como aparentaba…

Tanto odio no podía traer nada bueno; -me levante a oscuras y encendí un cigarrillo- pero: ¿que hacia yo tratando de arreglar todo eso? Yo quería hacer las paces de una vez por todas con el universo, con mi olvidada espiritualidad…
Otro caballero trovador nocturno solía decirme que las personas con experiencias duras se hallaban en esa búsqueda, del porque y el significado último…de la vida, la existencia, aquellos que cuestionaban su propia existencia y sus motivos…
Que las personas destinadas a algo grande caíamos en esta búsqueda que (a decir verdad) nunca termina.

Y ya, agotada del rechazo, bese su piel fría una vez más, me tendí hacia arriba, tratando de observar el cosmos mas allá del cielo raso, y llore.

Llorar, es para los débiles, por algo quiero estar donde estoy
Por algo estoy donde tengo que estar.

¿Que tengo que aprender de todo esto?

cap. 7
La Princesa y el Sendero.

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