Del verbo “abamos”….todo tiempo pasado fue mejor.

Que increíble como nos tocábamos, emociones inmersas en la misma silla, aunque hubiese más, no, la misma y nos enlazábamos en un abrazo que podía contener a todo el universo, así de cerca. Àbamos… Verbos en pasado, que para permanecer, corren contra el tiempo, buscando en ese abrazo interminable, en esas yemas siempre deliciosamente unidas, el quedarse…o transcurrir.

Que delicia ese calor cuando nos mirábamos,ese fuego, que hoy se convirtió en sonrisa cotidiana.

El no poder verbalizar me acecha, me niega, me suprime, me dejaste sin voz, y sin ella, sin verdad y sin canción. Caro precio que pagar, pagar, pagar, y temer….y no rendirse jamás. Mi amor no es egoísta, esta plagado de empatía y comprensión, mi amor te molesta, mi amor es mío solamente, mi amor esta tranquilo, en paz. 

Mi amor aprendió a vivir en mi, a sanarme, porque no pude sanarte, y queriendo sanarte aprendí…que sólo yo quería, y te vi, tan cómodo en la oscuridad, tan absorto en la miseria, tan absurdo en tu pesar, que entendí, amargamente, que si no seguía adelante, iba a morir en la misma oscuridad, en la misma silla, entrelazados, interminablemente, sufriendo y recordando.

Qué absurda es la verdad, que tirano es el tiempo, que va dibujando líneas en nuestro contorno, que va oxidando cada parte, y yo que lo dejaba todo por oxidarme a tu lado, no pude resistir las ganas de aferrarme a la luz, a ver en ella todos los matices, a encontrarme, a descubrirme, y a tomar las riendas de mi tiempo.

Un día vi atrás, y estabas ahí, sentado en la oscuridad, teníamos momentos fugaces de felicidad pero siempre cada uno en el mismo rincón del cuadrilátero. No voy a volver, no vas a salir. Aún así, puedo amarte.

Desde la lejanía de mis crecientes alegrías, diviso tu oscura melancolía, pero ya no es parte de mi; no pierdo la fé, algún día verás más allá de tu propia y arraigada tristeza, y me encontrarás, pero si no, en el final del tiempo, aún ahí, puedo amarte.

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La princesa y el sendero

I

“Y el príncipe la despertó y ella sobresaltada miro en sus ojos, buscando, si había en su mirada rastros de su amor…y aunque siguió sin encontrarlo, no pudo desesperanzarse, el amor es así. Pero el príncipe ya no volvería, al no volver a su memoria los días de cortejo, aquel hechizo parecía haber surtido efecto, y el no podía mirar en su corazón, la princesa le traía entonces las flores mas bellas de su jardín, buscando volver a empezar. Cantaba las melodías mas dulces pero el ya no la acompañaba, muchas veces, asomada a la ventana, imaginaba que volvía con su guitarra a cantarle bajo su ventana con ese brillo, pero al asomarse, tan solo algun jilguero…el príncipe y su montura azul no volvieron al pequeño palacio”
Ella entonces invencible como era, seguía llevándole los frutos más dulces, las rosas más bellas a tono con sus mejores vestidos.
El sentía que no podía sentir, que no podía romper el hechizo, y acurrucado en su pequeño palacio enseñaba a los pájaros sus dulces melodías, para que las llevasen a oídos de su princesa. No quería estar en ninguna parte, no sentía hogar a ninguno de los Palacios, desde hacia mucho tiempo que se sentía vagando sin rumbo, y casi había perdido la capacidad de expresar aquello, que estaba tan arraigado en su corazón que ya ni el mismo podía dilucidar a que se debía.
Todas las princesas saben leer en los ojos de sus príncipes, cuando algo anda mal, lo saben, y. Valeria lo sabía, y también creía que ese saber, a los caballeros altruistas como el suyo, podía molestar a su ego enaltecido.

Tenía esa forma de ignorarla tan bien, y eso además de hacerle doler, imaginar, caer, levantarse, pensar, todas esas cosas que en la ensoñacion romántica no permitía. Por primera vez desde que se le había revelado “aquello que no nombraba” y madurando sobre su propia historia con otros caballeros de la corte, rezo a todos los dioses que conocía y esta vez quería hacerlo bien, lo hizo y aún así, seguramente por su oscuro pasado; el no le correspondía. Si, claro que si, sabía derretirse en sus brazos y reír incansablemente a su lado, y así! En ese cortejo incesante podrían ambos haber vivido, soñado, cantado y reído.
Tenía esa forma de ignorarla tan bien que así Valeria tuvo que aprender a soltar suavemente y esperar que le importe, que lo note, y que así como en esas bellas historias que solían leer, el volviese a avanzar suavemente los peldaños que ella había retrocedido…
El en su ego infinito, en esa triste farsa que era lo único que conocía, sabía que ese dolor iba a desaparecer, y no iba a dar el brazo a torcer por un simple sentimiento. Por más increíble que todo fuese, ella nunca cedió a aquellas cosas que el jamás iba a cambiar, por lo tanto, seguramente era mejor así. Claro que la extrañaba, su aroma, su eterna sonrisa y todos aquellos detalles que muchas veces, no creía merecer.

Ambos retrocedieron, ambos esperaron, ambos se esperaron y se buscaron en la oscuridad, en el frío de saber que eran sólo almas que resuenan en una frecuencia de compañia y amor.

Pero el amor ¿es necesariamente como esperamos que sea?

Carpe Diem