Ya no puedo ser yo, ni quiero ser ellos

Me había olvidado de como llorar, puse mil sábanas sobre mis ojos y camine sin rumbo, sin querer llegar, sin poder volver, sólo para andar.
Rece al infierno para dejar de sentir y temo tanto que si me animo a sufrir, este dolor no tenga fin.
Me erguí ante todo y al despertar en el juego que todos mueren por jugar me dio tanto frío, hay tantos ¿qué estoy haciendo? En mi hacer por miedo a perder.
Palabras pensadas con tanto fervor, y la rueda gira siempre buscando calor, para no morir de frío; prendí fuego a todo a mi alrededor sintiendo que era mejor adentrarse en lo desconocido, retorcido y ruin para no perder esos momentos de absoluta plenitud.
Es tan humano adaptarse, tan comprometido convencerse, tan complicado aceptar, tan duro saberlo todo…tan doloroso entregarlo todo.

A pesar de todo, y ese todo no es poco, crece en mi una suerte de odio placentero que mira todo pasar y sonríe porque con todo lo que pasamos este cuerpo, esta mente y este corazón se que esto también pasara.
La vida es tan única, tan terca e imposible de repetir, que si no vivimos al filo del amor y el dolor, no tiene sentido.

Dejar que todo fluya tiene un precio muy alto y cada tanto hay que descomprimir el pecho y recordar la verdad, antes de volver a los dulces sueños.

Dulces sueños dondequiera que estés.

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