Empezar con el pie derecho.

Pasa poco y nada en la vida que empezamos lisa y llanamente con el pie correcto un amor. Hay cosas que no vemos, que no queremos ver, que nos tapamos para no escuchar, miramos los defectos con los ojos del amor, llenos de compasión e ingenuidad.
Hay gente desconfiada, gente llena de miedo, gente llena de necesidad de amor, (quizás admitir que me encuentro entre estos últimos, haya sido uno de los blanqueos más difíciles de mi vida) y gente que entiende que el amor no se decodifica, se siente.

 

Con la fecha de caducidad escrita en algún lugar recóndito que no vamos a mirar empiezan las historias, las amistades, los amores; con contratos sin papel, escritos con el cielo constelado soñamos y confiamos en nuestro instinto más animal, la atracción.

 

Es muy pretencioso saber o creer conocer el final o el principio, pero con esa fuerza arrasadora que nos genera la confianza, vamos sorteando los obstáculos y conociendo las partes mas sucias de este nuevo camino, y es aquí donde innegablemente se ven nuestras más silenciosas inseguridades y de ahí, podemos ver (o no) quienes somos y QUÉ es lo que nos motiva a elegir, a fijar la mirada, a depositar nuestra fé; y si vivimos en análisis constante de autoconocimiento, siempre, SIEMPRE, estaremos más y más cerca de quién realmente somos.

 

Somos, estamos, elegimos, amamos, odiamos y confiamos de acuerdo a nuestros instintos… y la vida y las experiencias nos van moldeando, ¡Y cuán agradecidos tenemos que estar a esas experiencias!, si sabemos ver las cosas como son y no como queremos que sean, si podemos analizar nuestras propias falencias con comprensión y amor, que divertido y enriquecedor es vivir, equivocarse y aprender….

 

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Del verbo “abamos”….todo tiempo pasado fue mejor.

Que increíble como nos tocábamos, emociones inmersas en la misma silla, aunque hubiese más, no, la misma y nos enlazábamos en un abrazo que podía contener a todo el universo, así de cerca. Àbamos… Verbos en pasado, que para permanecer, corren contra el tiempo, buscando en ese abrazo interminable, en esas yemas siempre deliciosamente unidas, el quedarse…o transcurrir.

Que delicia ese calor cuando nos mirábamos,ese fuego, que hoy se convirtió en sonrisa cotidiana.

El no poder verbalizar me acecha, me niega, me suprime, me dejaste sin voz, y sin ella, sin verdad y sin canción. Caro precio que pagar, pagar, pagar, y temer….y no rendirse jamás. Mi amor no es egoísta, esta plagado de empatía y comprensión, mi amor te molesta, mi amor es mío solamente, mi amor esta tranquilo, en paz. 

Mi amor aprendió a vivir en mi, a sanarme, porque no pude sanarte, y queriendo sanarte aprendí…que sólo yo quería, y te vi, tan cómodo en la oscuridad, tan absorto en la miseria, tan absurdo en tu pesar, que entendí, amargamente, que si no seguía adelante, iba a morir en la misma oscuridad, en la misma silla, entrelazados, interminablemente, sufriendo y recordando.

Qué absurda es la verdad, que tirano es el tiempo, que va dibujando líneas en nuestro contorno, que va oxidando cada parte, y yo que lo dejaba todo por oxidarme a tu lado, no pude resistir las ganas de aferrarme a la luz, a ver en ella todos los matices, a encontrarme, a descubrirme, y a tomar las riendas de mi tiempo.

Un día vi atrás, y estabas ahí, sentado en la oscuridad, teníamos momentos fugaces de felicidad pero siempre cada uno en el mismo rincón del cuadrilátero. No voy a volver, no vas a salir. Aún así, puedo amarte.

Desde la lejanía de mis crecientes alegrías, diviso tu oscura melancolía, pero ya no es parte de mi; no pierdo la fé, algún día verás más allá de tu propia y arraigada tristeza, y me encontrarás, pero si no, en el final del tiempo, aún ahí, puedo amarte.

A little piece of heaven

Siempre me es tan sencillo encender mi odio como una eterna suplica a tu desprecio, no se si lo ignoro para no pensarte y no recordar el trozo de carbón chamuscado que aun permanece en mi pecho.

Hoy hablando con un incomprendido de la vida y del amor como yo, por alguna jugada del destino y las conversaciones (que se hacen eternas entre mis dedos…) volví a recordarte, tus partidas, tus llegadas…tus palabras como dagas filosas clavadas, que al pronunciarlas (otra vez, cada vez…) siguen despertando odio, venganza, bronca y dolor.

Y ahora que lo verbalizo lo veo muy claro, te ame hasta odiar la vida, el mundo y todo lo que AQUÍ habita, como por ejemplo: Tu género.
No puedo decir ya lo que me hiciste, ni lo que me llevaste a hacer, ni cuan profundo cavamos nuestra propia tumba, fuiste siempre mi figurita difícil, que pretendía ser fácil, engañosamente accesible y por otro lado tristemente inalcanzable, será por ese amor a lo platónico que tanto mal, se sentía tan bien, que parecía probable sobrevivir a tanto dolor por minutos de placer….por eso sonrió al ver en el video el tipo feliz con el corazón arrancado y sangrando, pero en paz, con la calma de estar en donde se debe. Ya me dijo varias veces el señor Malano que estamos donde queremos y ahí es donde debemos, nos hallamos y nos encontramos; en el dolor, en el rechazo, lo imposible, lo inalcanzable, lo lejano, aquel que te ajusticia con la vida y aclara las cuentas sin saldar de la vida. Si, hay un porque, todo tiene una razón, el dolor vuelve, doble, triple y en forma de Príncipe Azul.

Es casi invisible el punto de inflexión donde al ver hacia adentro ya no es como antes, donde habitaba la esperanza ya se ven grietas y un vació seco y al verte…en esa estación, so long ago…sin un motivo mas que generar una ilusión, y abrir lo que seria tantos años después una herida abierta vertiendo sangre podrida…una de esas heridas, que uno suele presionar con otra cosa mientras barre lentamente los recuerdos debajo de la cama y una imagen mental recurrente involuntaria, verte a través de una copa de vino blanco y recordar, hasta que punto puede uno avergonzarse cuando quiere realmente algo (¿?)

No es orgullo, es conciencia, los tratos enfermizos no se pueden nada, no se pueden y ya , se graban como un fierro al rojo vivo, como una vieja cicatriz que duele finito cuando hay humedad

El odio es tan o mas fuerte que el amor

Nunca mires atrás