Empezar con el pie derecho.

Pasa poco y nada en la vida que empezamos lisa y llanamente con el pie correcto un amor. Hay cosas que no vemos, que no queremos ver, que nos tapamos para no escuchar, miramos los defectos con los ojos del amor, llenos de compasión e ingenuidad.
Hay gente desconfiada, gente llena de miedo, gente llena de necesidad de amor, (quizás admitir que me encuentro entre estos últimos, haya sido uno de los blanqueos más difíciles de mi vida) y gente que entiende que el amor no se decodifica, se siente.

 

Con la fecha de caducidad escrita en algún lugar recóndito que no vamos a mirar empiezan las historias, las amistades, los amores; con contratos sin papel, escritos con el cielo constelado soñamos y confiamos en nuestro instinto más animal, la atracción.

 

Es muy pretencioso saber o creer conocer el final o el principio, pero con esa fuerza arrasadora que nos genera la confianza, vamos sorteando los obstáculos y conociendo las partes mas sucias de este nuevo camino, y es aquí donde innegablemente se ven nuestras más silenciosas inseguridades y de ahí, podemos ver (o no) quienes somos y QUÉ es lo que nos motiva a elegir, a fijar la mirada, a depositar nuestra fé; y si vivimos en análisis constante de autoconocimiento, siempre, SIEMPRE, estaremos más y más cerca de quién realmente somos.

 

Somos, estamos, elegimos, amamos, odiamos y confiamos de acuerdo a nuestros instintos… y la vida y las experiencias nos van moldeando, ¡Y cuán agradecidos tenemos que estar a esas experiencias!, si sabemos ver las cosas como son y no como queremos que sean, si podemos analizar nuestras propias falencias con comprensión y amor, que divertido y enriquecedor es vivir, equivocarse y aprender….