Un invierno.

Hay una suerte de “dicho” que profesa que hay que buscarse alguien para pasar el invierno, también hay otro “dicho” que reza: El universo (Dios, Buda, Ala, como te guste llamar a “Eso”) es muy pero muy justo y certero. Es como un gran justiciero, es la respuesta anticipada al, Porque a mi?, Porque ahora?, como un gran sabio (S.M.) suele decir, lo que realmente importa es la pregunta, Que tengo que aprender de esto? Mucho, y a lo grande.
Ahora, lo interesante, y es lo que me pregunto a cada paso, (más bien ya diría a cada año…, que curioso como el reloj parece acelerarse no?) es, nosotros, adultos responsables, trabajadores, observadores: con que criterio elegimos?, bajo que estándares juzgamos? A ese caballero que se acerca galopando en el caballo de la felicidad…a esa dama que asoma por el balcón, como puede ser que en 30 segundos pensamos -ok, este es tu lado de la cama-, Em, no definitivamente no.
Y es por eso que justamente inflamos almohadas y colchones hasta reventar de falsas expectativas, y claro, una estación después o varias depende el caso, explotan.
Para qué querer donde hay uno que no quiere?, donde esta el placer de adorar la decepción? Que tan mal tenes que estar para amar a lo imposible….porque esconder la vergüenza y no saber pedir perdón?

Total, que le hace un rechazo mas al tigre?

Principe, que tanto te etiquetaste y vanagloriaste de ver mas allá de lo físico, finalmente abandonaste como todo, una vez mas, no sin antes herir…por las dudas

Y Princesa… Que tanto y tan fuerte

brilla sobre tu cabeza

un halo angelical… Mentiste, TE MENTISTE – por cobarde –

Al fin nos sacamos las caretas, al fin. El Fin.

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